Las fiestas de la Noche de San Juan o del Midsummer mezclan una serie de tradiciones paganas y cristianas, haciendo de esta fecha un peculiar evento de magia y devoción. El día de San Juan se celebra el 24 de junio a razón de que en el Evangelio de Lucas se dice que San Juan nació 6 meses después que Jesús, por esto la Iglesia eligió esta fecha como su santo. Lo que hace interesante esta fecha es que de alguna manera se empalma con las celebraciones paganas del Midsummer o Litha, el Día de la Cosecha, que tradicionalmente se llevan a cabo en buena parte de Europa. Vemos aquí una superposición de cultos, un complejo crisol de prácticas religiosa que tal vez la Iglesia fomentó para ir reemplazando las celebraciones del solsticio de verano con la fiesta de San Juan El Bautista.
Las fiestas del Midsummer tradicionalmente se apilan los días cercanos al solsticio y el mismo solsticio, y tienen como eje central el culto al sol y a la fuerza generativa. Se suele encender fogatas, hogueras y antorchas para purificar y para vincularse con el sol, que en estos días brilla en su máximo esplendor. La razón de ser de los rituales tiene que ver con que el espíritu de la naturaleza tiene una mayor concentración estas fechas y por lo tanto se puede captar con mayor facilidad. Se suele recoger plantas especialmente imbuidas con la energía solar y con la energía generativa también propia de la constelación de Cáncer, que simboliza la generación y a la misma Madre Naturaleza, por lo que se celebra un matrimonio sagrado (hierosgamos) entre el Sol y la Tierra o entre el Sol y la Luna, la conjunción de los opuestos. Es el tiempo de la cosecha, el cumplimiento del ciclo iniciado el equinoccio con el inicio de la primavera, el ascenso del sol y la siembra. Lo que se recoge estos días debe de ayudarnos a pasar el invierno o los meses en los que existe menos en energía, es el momento de almacenar y de prepararse, también por eso se ayuda al sol ardiendo un fuego, sabiendo que desde este momento también el sol empieza a perder fuerza y avanza hacia su muerte simbólica en el solsticio de invierno. También estos días se suelen preparar amuletos y talismanes cargados con la potencia solar y hacer imágenes para que porten los atributos del verano.
La teoría, por así decirlo, detrás de estas creencias mágicas, es que existe una cualidad específica en el tiempo y que la configuración del cosmos en cada momento articula una serie de correspondencias y transmite una energía particular que se imprime en las cosas. En esto podemos revisar la obra del mago renacentista Marsilio Ficino, quien fue el gran consejero de la Familia Medici, y quien remarca la importancia de sincronizar nuestras actividades con los astros para poder recibir en el alma humana la energía del cielo y del Alma del Mundo. Ficino habla de que es posible curar a través de imágenes realizadas en momentos benéficos que captan la esencia de cierto planeta; por ejemplo, Júpiter para el hígado; el Sol para la depresión; la Luna para sembrar; Mercurio para la inteligencia. En el antiguo sistema de correspondencias astrológicas cada planta, cada alimento, cada color, cada lugar tiene una simpatía con ciertos astros y forma parte de una red de relaciones que puede ser canalizada para el beneficio de quien pone atención al ritmo de la naturaleza. Siguiendo estos principios –como también siguen la espagiria o la biodinámica– el hombre puede hacer la labor de jardinero celeste: no sólo se recoge el fruto de la Tierra también se atrapa el espíritu del cielo.
Tradicionalmente se creía que hoy en la noche y mañana es un buen momento para recoger ciertas plantas. Coinciden todos los practicantes de Wicca y de otros corrientes paganas que el Midsummer es el mejor día para recoger hierbas, especialmente si se tienen intenciones mágicas o medicinales para ellas. Aquí también se reúne la cosecha con los ritos de fertilidad asociados al sol, ya que como narra Frazer en La Rama Doradaen algunos lugares se solían recoger flores para fabricar guirnaldas y coronas a través de las cuales jóvenes mujeres y hombres se miraban con el fuego cruzándose, en una especie de cortejo sagrado donde también se arrojaban estas guirnaldas a través del fuego, quizás llenándolas de la energía vital.
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